sábado, 16 de septiembre de 2017

El Peso de Quedar Bien en Todo

Semana a semana converso con muchas personas por teléfono, mensajes, videollamadas o cara a cara. Algunos, puedo decir, me han dado la honra de conocerles a fondo. Su ambiente, problemas, emociones, sentimientos, luchas, anhelos, etc. Muchos de ellos son personas que han influenciado mi vida (y estoy seguro que la de muchos otros). Y en este andar descubrí facetas de muchos ellos que no conocía, entendiendo que, muy pocos de ellos se muestran así ante los demás. Repito, muy pocos.

Tengo vario tiempo meditando en un común denominador que surge a resultado de conversaciones con algunos de ellos (y otras personas).

Siento que hay muchos cargando un peso que les carcome y angústia profundamente su interior.
 

Siento que hay gente que camina como si le deben una explicación a los demás. Dependen sus decisiones del cómo reaccionarán los demás si hago X o Y cosa. En muchos casos privándose del factor sorpresa que puede darle la vida; ganándoles más la ansiedad invisible del qué dirán o qué pensarán de mí.

Se que hay un lugar en nuestro corazón, que tiene la etiqueta de "aprobación de los demás". Es natural querer recibir palabras de honra y afecto de gente importante para nuestra vida por nuestros logros y aciertos. Todos necesitamos un dosis de ello. Pero, a pesar de que hay una medida para esta área de nuestro corazón, algunos no saben caminar por el territorio donde la aprobación se terminó o no existe. Es decir, dejaron que la opinión ajena dirija sus vidas. Tanto así, que los deseos de los demás para con su propia vida se convirtirieron en sus propios deseos, y la vida se tornó en un saco pesado de llevar.

Si quisieramos ir más profundo podemos hacerlo. Porque es bien sabido que usted nunca va que quedarle bien a todos. Y a pesar de quienes dicen que no hay verdad absoluta, esto es absolutamente verdad.

¿Te has topado con adictos al alcohol o a alguna droga e inmediatamente piensas "¿cómo puede esa persona haber escogido vivir así?". En muchos casos hay gente viviendo bajo la droga de la complacencia ajena extrema. Llegando a vivir como indigentes en el corazón. Anhelando salir de ello, prometiendo no consumir más, pero fallando en el intento. Iniciando el círculo vicioso una y otra vez. Postponiendo sueños. Reservándo ideas. Viviendo una vida calculadora.

¿Cuantos empezaron la universidad, un negocio, una relación, etc. solo por la maldita razón de no querer defraudar a los demás?

Es extraño, vamos a ver si profundizamos un poco más. El sentimiento es tan perverso, que cuando actúas para agradar a los demás, y fallas, ese mismo sentimiento te imposibilita de reclamarle a quienes deseabas complacer porque justamente después del fallo no queda nadie. Fueron segundos donde la culpa estalló adentro, y es tan invasiva que prefieres mejor no confrontar, porque te pararás de ésta solo para seguir el camino de volver intentar de nuevo ganarte la aprobación de los demás.

Luchar por la aceptación descontrolada de los demás en todo lo que se hace demuestra inseguridad. Demuestra estar pegado a una fuente incorrecta. En muchos casos podemos ver que hay personas que necesitan contar los "Me gusta " que recibieron de una publicación en su red social. Vemos a menudo (y mayormente mujeres) subiendo fotos mostrándo un poquito más de lo normal, solo para ver quienes se asoman a piropear. Hay quienes esperan ansiosamente el día de su cumpleaños porque necesitan saber cuál es la opinión que tienen los demás. ¿Sabes?, nadie te dice cosas feas en tu cumpeaños! Así que si deseas saber qué piensan de tí, no escojas ese día.

Cuando miro la vida de Jesús me agrada la idea de que caminó sin pensar en qué iban a decir los demás de él. Rompía el esquema prominente de este tiempo de agradar a diestra y siniestra. Pienso en estos ejemplos:

- Estuvo en una sinagoga leyendo el rollo y autoproclamándose la profecía cumplida.
- Se dejó lavar los pies por el perfume de una mujer prostituta, en la casa de una persona "importante" que no quiso saludarle de beso cuando llegó.
- Hizo bajar a un recaudador de impuestos (estafador) de un árbol, para ir cenar con él y su familia.
- Le pidió agua a una mujer que tuvo 5 maridos y que era de una nacionalidad rival de la época.
- Sanaba en los días prohibidos.
- Maldecía a los árboles que no producían frutos.
- Andaba con gente que no ayunaba ni se lavaban las manos al comer.
- En sus reuniones la gente rompía las casas.

En fin, creo que Jesús caminaba con un corazón motivado por agradar solamente al Padre y ese es el ejemplo que debemos de seguir. Cuando agradas al Padre sientes la satisfacción que eso te llenará. Te traerá paz. Te levantará.

Es necesario que nos detengamos. Que dejemos de ser severos con nosotros mismos. El daño es personal. Muchos corazones son destruidos por el simple hecho de la presión a la que se someten por este mal.

Vivimos en una sociedad a la que tenemos que cumpirle expectativas y muchas de ellas son peligrosas. No dejes que un sentimiento controlador de quedarle bien a toda la humanidad y alimentarse del qué dirán de tu vida sean los que timoneen tu vida.

Vas a fallarle a tus padres, a tu esposa, tu pastor, tu jefe, etc. Pero hay una libertad en agradar al Padre, y ahí es nuestro lugar y refugio. La culpa no nos gobernará estos días. Caminaremos en paz, caminaremos más livianos. 




Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1 
Dios te bendiga.